Frank Underwood: El genio oscuro en House of Cards


Frank Underwood

«Lo que te da influencia, lo que daña al enemigo político, se utilizará. Da igual el contexto o que sea privado». – Tsevan Rabstan

Desde hace cuatro temporadas Kevin Spacey -en la piel de Frank Underwood– nos abre las puertas del mundo de la política, no la que figura en los programas electorales, ni en los debates, ni tampoco la que diseccionan tertulianos diletantes en los medios. Los círculos de la política que nos muestra no son bonitos, ni idílicos, ni presentables siquiera; son sucios y brutales. Reales tras las bambalinas. Es todo aquello que ocurre entre bastidores, que apenas se susurra y que no llegamos ni a sospechar.

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Al igual que Virgilio guía a Dante por el Cielo y el Infierno, en House of cards, Frank Underwood nos pasea por el Congreso y la Casa Blanca. A ese Infierno del poder. Somos testigos mudos de sus palabras, gestos y actos, y sus confidentes cuando nos dirige la palabra y guiña un ojo. Somos sus cómplices, de los pocos que conocemos la verdad de su juego y, aunque no dudamos ni un segundo de que Frank es un hombre que no se detiene ante nada ni nadie, sufrimos con lo que le amenaza y suspiramos aliviados cuando se sale con la suya.

No pretendo hacer una crítica de la serie, ni compararla con la original británica. No diré nada tampoco acerca del libro en que se basa. Nada de esto.

Lo que pretendo en estas líneas es por entero culpa de Mario Praz, uno de los grandes especialistas en literatura. Según dice en su libro La carne, la muerte y el Diablo, hay un genio oscuro que susurra a los que serán los poetas románticos, que les estimula y les abre un nuevo camino: el marqués de Sade, cuya obra es la chispa que enciende e inspira a toda una generación.

Viendo las distintas temporadas de House of cards me pregunté qué genio oscuro susurra e inspira a Frank Underwood. Navegando un poco por la web leí que para algunos se trata de Nicolás Maquiavelo; otros apuntan a Sun Tzu. ¿Son de alguno de ellos los susurros que escucha nuestro Virgilio? A mi entender la respuesta es no; de hecho creo que los mismos que lo afirman nunca han leído a estos dos autores. O no los han entendido, que es peor.

¿Quién susurra a Frank Underwood?

Nicolás Maquiavelo

Ferozmente criticado por muchos, Maquiavelo carga con una mala fama injusta e indebida. Su obra El Príncipe no pretende -como se cree comúnmente- instruir a un individuo a gobernar con malas artes: en realidad el florentino crea, con este libro, el mecanismo para alcanzar dos metas completamente distintas. Por una parte nos advierte -a nosotros, los lectores-súbditos- cómo se nos gobierna; por otra parte desvela a los príncipes-gobernantes la verdad de su juego. Maquiavelo enseña la manera en que se maneja el poder; no pretende ayudar al que quiere gobernar, quiere mostrarnos la verdad tras los discursos y los actos de los poderosos. El Príncipe, en realidad, es una denuncia sobre el poder.

Sun Tzu

Por lo que respecta a Sun Tzu, en El arte de la guerra, nos tutela para salir airosos de cualquier conflicto. Nos desvela los entresijos de la gran estrategia, nos aconseja acerca del gran plan a tener siempre presente, pero no dice nada de la táctica en la batalla. Y no menciona el aspecto político. Además concluye que siempre la mejor opción es no arriesgarse a un combate. Cierto es que su obra ha sido pervertida hasta llegar a lo abominable, por ejemplo en  El arte de la guerra para ejecutivos o trastocado hacia la burda auto ayuda, pero de nuevo nos hallamos ante una mala lectura y comprensión equivocada de las palabras de Sun Tzu.

En House of cards ni se nos instruye sobre el gobierno -sea en la manera en que se ejerce o cómo nos controla-, ni tampoco nos enseña sobre la gran estrategia que evita el enfrentamiento. Frank Underwood usa su poder político y militar, por supuesto, pero sólo cuando le conviene, para convertirlo en una arma que usar contra un rival -por ejemplo la Ley de educación o America Works, al igual que usa en su interés el conflicto con Rusia-, y siempre para ganar algo a su favor. Y, desde luego, sabe bien que el conflicto es tan inevitable como necesario, que tarde o temprano tiene que presentar batalla y destrozar a quién sea.

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Si no se trata del ejercicio del poder en sí mismo, ni de evitar el conflicto, no pueden ser ni Maquiavelo ni Sun Tzu los que inspiran a Frank Underwood. Y es que el genio oscuro que le inspira no es otro que  Giulio Mazzarino.

Giulio Mazzarino

Resulta necesario asomarnos a la vida de Mazzarino, no para conocer su biografía, sino para comprender la génesis de su obra. Para trazar su retrato la mejor manera es tener en cuenta a su mentor y maestro, Richelieu. A lo largo de su trayectoria como hombre de estado crea una red de fieles, «mis criaturas» como él las llama: individuos -algunos de ellos huérfanos que sobreviven en hospicios-, sin posición ni medios, a los que observa atentamente, pone a prueba y promociona a cargos gubernamentales si le resultan útiles y son válidos. Así se asegura el colocar en los sitios adecuados a estas «criaturas», que todo se lo deben a él y que, difícilmente, puedan traicionarle o abandonarle. Mazzarino es «la criatura»: la mejor y más capaz de todas. Es difícil dudar de la astucia de Richelieu, así que no es probable que se equivoque ni en el método, ni en su elección.

Mazzarino -primer ministro de Francia entre 1642 y 1661, durante la minoría de edad de Luís XIV-, nos lega sus ideas y consejos en el Breviario de los políticos. Aquí no se dirige a un príncipe, ni a un estratega; tampoco a nosotros, miserables lectores: se enfoca hacia la figura del primer ministro -o valido-, tan extendida en su época. Aunque poderosa, tal posición no está exenta de peligros: por encima tiene a un monarca -que generalmente se desentiende del gobierno- y de cuyo favor y simpatía depende por entero; por debajo le acecha una jauría de nobles, burócratas y cortesanos que lo envidia y amenaza. Tiene el poder absoluto, pero sólo se apoya en él mismo, pues cuenta con un amigo inestable y multitud de enemigos conspirando.

¿Por qué es Mazzarino el que susurra e inspira a Frank Underwood? ¿Por qué los ecos de las palabras en House of cards son suyos? La razón es que su Breviario enseña a sobrevivir en el poder; nos enseña qué cuchilladas esperar, cuándo, dónde y por mano de quién llegarán. Y también enseña a dar estocadas mortales. El legado de Mazzarino es un manual de supervivencia, pura y dura. No se trata de aconsejar al lector sobre las artes de gobierno o de la guerra, ni tiene tampoco el ánimo de denuncia de Maquiavelo ni la de evitar el conflicto de Sun Tzu. Al igual que ellos Mazzarino se basa en su experiencia, pero añade su «astucia e inteligencia perversas» mediante las que mantenerse a salvo. O lo más a salvo posible. Nos instruye en entender, comprender y ver más allá de las palabras y actos de los que, como nosotros y Frank Underwood, nos movemos en las sombras de la política.

Algunos de los «susurros» de Mazzarino

ALERTA SPOILER

«¿Estás sujeto a la cólera, al miedo, a la audacia o a cualquier pasión? ¿Cuáles son los defectos de tu carácter? ¿Tus errores de comportamiento? ¿En qué ocasiones puedes llegar a perder el dominio de ti mismo y cometer errores de lenguaje o de conducta? ¿Sueles ir a lugares sospechosos, vulgares, de mala fama, indignos de ti? Aprende a vigilar todos tus actos y no disminuyas jamás esta vigilancia». Un aspecto, este último sobretodo, que el presidente -o ex presidente- Garret Walker no tiene presente al visitar al consejero matrimonial; por otra parte Frank Underwood lo cuida mucho en sus visitas a Zoe Barnes.

1- «Entérate de los vicios de alguien: ataca los que podría adolecer tu amigo; si tiene palabras duras y lo denuncia, él mismo lo padece». Ya sabemos cómo lo utiliza Frank con Peter Ruso: alcohol, drogas y putas. Una recaída de lo más conveniente.

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2- «Obra con tus amigos como si hubieran de volverse tus enemigos. No dejes a nadie acercarse a un secreto tuyo cómo no dejarías acercarse a tu cuello a un loco decidido a degollarte. Consúltalo, usa sus opiniones, pero no te descubras ante él: de ser enemigo sabría cómo dominarte». Ya sabemos en quiénes confía Frank Underwood: sólo en Doug y Claire.

3- «Si procuras obtener algo, que nadie se dé cuenta hasta que lo hayas obtenido». Desde que se inicia la serie ya sabemos lo que pretende Frank y sus motivos: le han prometido algo y no han cumplido, pero hasta casi el fin de la segunda temporada nadie sospecha nada.

4- «Si alguien te ha ofendido y tienes la bilis revuelta, no digas nada, no hagas nada que revele tu cólera. Nunca expreses jamás nada, ni el menor sentimiento, sino una perpetua amabilidad. Y no sonrías al primero que llegue y muestre por ti el menor entusiasmo». La misma idea que con la cita anterior.

5- «Para conocer a alguien, mira a quién trata. Fíjate con quién trama sus intrigas y procúrate el favor de estos por todos los medios. Debes tener informes de todos, no comunicar tus secretos a nadie y espiar a los ajenos. Conserva una actitud reservada, obsérvalo todo con la mirada». Así es como Frank logra descubrir el vínculo entre Tusk y Walker.

6- «Todas las situaciones en que las almas relajan la tensión y se abren, son ocasiones de cosechar numerosas informaciones. El pesar también. Elogia a quién se esté afligido y consuélalo: en esta situación de dejan escapar los pensamientos más secretos y ocultos». Y así actúa ante el juez del Tribunal Supremo -enfermo de Alzheimer– y Donald Blythe.

7- «Si odias a alguien, vuélvelo sospechosos a los ojos de los demás y haz que tu odio se convierta en su causa. Si tienes que vengarte, utiliza a un tercero u obra en secreto». De nuevo como en el caso de Tusk y Walker.

8- «Sugiere, más que dar: mantén el deseo. No hagas fácilmente promesas, no des fácilmente permisos. Entérate de sus intereses y hazle regalos de acuerdo con su carácter». Algo parecido hace Frank ante Linda, al hacer que su hijo sea admitido en una universidad.

9- «No expreses sino excepcionalmente unos sentimientos demasiado expresivos, como la alegría, el asombro, etc». Sólo ante Doug y Claire se permite Frank mostrar sentimientos.

10- «No te abandones fácilmente a la ira, porque si te apaciguas después tan fácilmente, te tendrán por hombre ligero». Esto lo cumple, excepto en una memorable y acojonante escena, ya en la cuarta temporada, ante Catherine Durant.

11- «Resígnate a escribir de tu puño y letra los documentos que quieres guardar secretos. Da la palabra oralmente, pero solo acéptala por escrito». Algo similar, guardando las distancias, sucede con Zoe. Quizá está mejor tratado en la serie británica, con la frase tan repetida de Francis Urquhart: «You might very well think that. I couldn’t possibly comment».

12- «Si se comprueba tu influencia sobre los Grandes se te hará responsable a ti de sus malas acciones. Por lo tanto, procura que tu superior oiga tus conejos, y escuche tus intervenciones, pero no procedas sino en ausencia». Recordemos la gran jugada de Frank  involucrando y enfrentando a Tusk y Walker mediante el blanqueo de dinero y el conflicto con China.

Las cinco máximas de Mazzarino

Por último, y como guinda del pastel, Mazzarino sintetiza cinco máximas que nunca, jamás, debemos dejar de tener presentes bajo ninguna circunstancia: «Simula. Disimula. No te fíes de nadie. Habla bien de todos, pero piensa mal. Prevé antes de hablar y actuar».

Es esta la esencia de House of cards. Es este el mantra que Frank se repite una y otra vez; sus normas básicas y la base de su conducta. Es Mazzarino el espejo en el que se refleja. Es el Breviario de los políticos, y no El Príncipe o El arte de la guerra, su libro de cabecera. Claro que Underwood, es mucho Underwood. No es como nosotros, el resto de los pobres mortales. Nuestro Virgilio nos tiende la mano y nos acompaña en su viaje al Infierno. Quizá ahora podamos ver bien claro de quién es la sombra que se esconde en los rincones del camino.

Y si simulas hacerme caso, si disimulas tu escepticismo mientras me lees, si no te fías de mí ni mis palabras, si hablas bien de mí, pero ya no piensas tan bien, mientras prevés qué decir a continuación, te dejo con unas palabras de Umberto Eco sobre nuestro genio oscuro: «Un libro de esta naturaleza -el Breviario de los políticos- se lee para obtener un beneficio. Este libro nos enseña lo que los hombres de poder saben ya, quizá por instinto. No se trata solo de un retrato del pensamiento de Mazzarino, es un retrato-robot de uso para la vida cotidiana, para todos los días».

Deliberadamente he dejado fuera de esta ecuación a la otra gran «criatura» de House of cards, Claire Underwood. Sin duda merece unas palabras aparte; un lugar propio fuera de la estela de su esposo y como parte de un equipo. Y me encantaría poder leer lo que alguna mujer pueda contar sobre Claire y su particular genio oscuro.

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