‘Isla de Perros’, ¡Guau! ¡Qué maravilla!


Que Wes Anderson sea uno de los cineastas más interesantes y diferentes del presente milenio, es evidente. Con títulos tan variopintos, todos ellos notables, como Life Aquatic (Wes Anderson, 2004), Fantástico Sr. Fox (Wes Anderson, 2009) o Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012), por citar solo algunos ejemplos, y con el reciente (y merecido) Oso de Plata del Festival de Berlín a la Mejor Dirección bajo el brazo, presenta su última creación: Isla de Perros.

¿De qué va Isla de Perros?

Una historia aparentemente sencilla que nos traslada a Megasaki City tras la expulsión de los perros de toda la ciudad por una enfermedad que éstos contraen. Para prevenir, se les aísla en una isla cercana que también sirve de vertedero.

Pasados los meses, un niño de 12 años irá a la isla para rescatar a su perro y allí se unirá a una pandilla de canes que le ayudará en su travesía… Una odisea llena de carga y crítica política, aventuras, pinceladas de humor y, sobretodo, mucho amor.

Y es que en eso el señor Anderson es un maestro.

No nos engañemos, la película guarda en su interior, a pesar de su aparente inocencia, una sátira sobre el comportamiento humano, egoísta y erróneo por naturaleza, como ya hizo anteriormente tomando por base la época nazi en El Gran Hotel Budapest (Wes Anderson, 2014) o, en esta ocasión, utilizando unas herramientas que fácilmente podrían recordarnos al conflicto político actual sobre los refugiados.

Lo que aquí encontramos es una sociedad que alaba a los gatos y muestra su odio hacia los perros, así que en lugar de ayudarles ante su enfermedad decide expulsarles y quitar el problema de en medio. O lo que es lo mismo, la vía rápida y sencilla.

Un stop motion brillante

Ante la complejidad y quizás la dificultad para hacer llegar una acción de estas características, con una futura Japón y un protagonismo absoluto de un grupo de canes, el director ha optado por la opción que ya eligió en su Fantástico Sr. Fox; el stop motion.

Un trabajo absolutamente brillante, cuidado al mínimo detalle, y de una expresividad excepcional, que ayudan a que el aire fantástico de su fábula llega de forma más orgánica al espectador.

Eso sí, los encuadres y planos, tan estudiados y calculados como en él es habitual, con una obsesión casi tan enfermiza como la del gran Stanley Kubrick, siguen ahí. Inconfundible sello personal.

El reparto de Isla de perros

¿Cómo seguir unos diálogos entre japoneses y una pandilla de perros? Ahí está Anderson y su magia, optando de subtítulos para lo primero y de un inteligente giro para lo segundo. Y para darle vida a toda esta fauna, el cineasta se ha rodeado de grandes actores, algunos de ellos muy recurrentes en su filmografía, como Bryan Cranston, Edward Norton, Bill Murray, Jeff Goldblum, Scarlett Johansson o Tilda Swinton. Ahí es nada.

Es por eso que desde aquí os recomendamos encarecidamente que hagáis lo posible para poder disfrutarla en su versión original. Y es que el trabajo de todos y cada uno de ellos, así como del reparto nipón, es sencillamente maravilloso. Si a todo esto le sumamos la calidad de la partitura de Alexandre Desplat el resultado no podría ser mejor.

En conclusión…

En conclusión, Isla de Perros, es una delicia técnica que solo por su magnífico despliegue visual (y sonoro) bien merece una entrada.

Pero es que además como película también es brillante, siendo capaz de mezclar multitud de emociones dividida en tres actos y varios capítulos, en los que nos topamos con una serie de flashbacks muy necesarios para el devenir de la historia, y con un reparto de personajes, tanto principales como secundarios, absolutamente mágicos.

Además, no os voy a engañar, los “perretes” son mi debilidad. ¡Otra animación es posible!

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