La Autopsia de Jane Doe: terror dosificado y sin pretensiones


A medida que iba leyendo buenas críticas, y después de su éxito en festivales como el de Sitges, Austin y Molins de Rei, mis esfuerzos para evitar ver el trailer de esta película eran mayores. No quería saber absolutamente nada para que mi satisfacción fuera mayor en la sala. Y vaya si lo fue. Con motivo del ciclo Sitges Tour, actualmente se está proyectando una selección del mejor terror del 2016 y una de las películas seleccionadas es La Autopsia de Jane Doe. Recomiendo encarecidamente ir al cine sin saber nada del film, así que intentaré comentarla sin desvelar detalles.

¿De qué va la peli?

La Autopsia de Jane Doe (The Autopsy of Jane Doe, 2016) es el primer trabajo americano de André Øvredal, director noruego de la magnífica Trollhunter (2010), que decidió hacer el salto al cine de terror con esta pequeña joya que parece directamente sacada de un relato de Stephen King o de un episodio de Tales from the Crypt.

Breve, concisa y sin ser pretensiosa, la película narra la historia de Tommy y Austin Tilden, un padre y un hijo que están al cargo del depósito de cadáveres de un pequeño pueblo de Estados Unidos. Su rutina en la morgue se ve alterada cuando reciben un cadáver de última hora que la policía ha descubierto enterrado en el sótano de una casa donde han tenido lugar unos brutales asesinatos. Se trata del cuerpo de una chica sin identificar, una Jane Doe, nombre genérico que utilizan los americanos para designar un cuerpo sin nombre.

Los Personajes

Tommy (interpretado por un pletórico Brian Cox) y Austin (muy correcto Emile Hirsch) proceden con una meticulosa autopsia de la joven, ofreciendo una escena a ritmo de rock’n’roll que es un regalo para los fans del body horror más exquisito.

El espectador va descubriendo junto a Cox y Hirsch el misterio que envuelve el cuerpo inerte de Jane Doe, pues los indicios de la causa de su muerte parecen ser fuera de lo común. Los fans del terror más avispados empezarán a sacar sus conclusiones desde un buen principio, y tanto si aciertan como si no, habrán disfrutado igual de este descenso al infierno.

Conclusión

La película presenta dos tonos muy diferenciados. Si bien la primera mitad se desenvuelve un planteamiento sobrio, enigmático y morboso, la segunda da un vuelco hacia lo frenético y el terror en estado puro y bien dosificado. Lo que me gustó particularmente de la película es la rápida (y sensata) reacción de los forenses cuando descubren la identidad del cadáver. No hay tiempo para el escepticismo, y padre e hijo unen fuerzas para salir de allí.

Por otra parte, si tengo que mencionar algún defecto de la película, lo que a mi parecer chirría un poco ha sido cierta sobreexposición de su mitología, que se procura desgranar con suspense a lo largo de la primera mitad, pero que queda reducida en un monólogo de Brian Cox.

Sin embargo, se agradece este tipo de historias seguras de sí misma y explicadas sin perder el ritmo. El director maneja bien los elementos de terror, la atmósfera y un reparto de actores que se notan cómodos en su papel, incluso Olwen Kelly, quien hace un trabajo excelente interpretando al cuerpo sin vida de Jane Doe.

La Autopsia de Jane Doe es uno de los ejemplos que confirman que 2016 ha sido un buen año para el terror, tanto dentro como fuera de la pantalla.

* Artículo escrito por Albert Vilardaga

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