Langosta; cuando el ridículo se cargó lo bueno


Langosta es la nueva película de Yorgos Lanthimos, director de la aclamada y casi clásico del cine «de lo incómodo» (que lo llamo yo) Canino. Esta vez, el film trata de una sociedad distópica en la que las personas no pueden estar solteras. Por ese motivo hay centros en los que los solteros se pueden alojar para encontrar a su media naranja y no ser un paria social o incluso un delincuente. Además, la película cuenta con un reparto también interesante, protagonizado por Colin Farrell, Rachel Weisz y Léa Seydoux, y con personajes secundarios de la talla de Olivia Colman, John C. Reilly y Ben Whishaw. La mezcla del cóctel se presentaba muy apetitosa, he aquí el trailer.

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¿Por qué creemos que Langosta es una muy buena idea no del todo bien aprovechada?

El film, en cierto modo, está dividido en dos partes que en mi opinión no funcionan por igual. Porque nuestro protagonista vive dos mundos diferentes; el mundo legal del hotel, en el que todo huele a rancio y da repelús, y el mundo de los rebeldes solteros del bosque. Dos tiranías, al fin y al cabo, lideradas por diferentes personas con ideas demasiado radicales.
La incomodidad que sentíamos al ver lo que sucedía en el hotel, desde los ojos de David (Colin Farrell) rozaba peligrosamente lo ridículo, pero funcionaba. En un universo en el que todo soltero está condenado a ser cazado, cualquiera con un poco de habilidad social elegirá compartir la vida con otra persona para salvarse. Ese hotel, por lo tanto, está destinado a aquellas personas que no se valen de sí mismas para conectar con otros; los antisociales rarunos, que es como bien se describen en el film. Cada uno de los perfiles que encontramos allí encaja a la perfección con la intención de «hacernos sentir vergüenza ajena desde nuestros asientos«. Los intentos desesperados de encontrar cosas en común con otras personas, la cutrez de llevar todos el mismo vestido, las conversaciones entre los tres amigos, e incluso ese narrador ridículo y obvio nos da ese asquillo que tanto nos gustaba en Canino.

langosta película

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Y aunque el personaje de Colin Farrell era un intento de Joaquin Phoenix en Her  o de Bruce Willis en La muerte os sienta tan bien, que no terminé de creerme mucho, la presencia de los secundarios hacía que todo funcionara a la perfección. Hasta aquí el universo que había construido Lanthimos era muy prometedor, pero el protagonista escapó de esa farsa dando un giro a los acontecimientos.
En la segunda parte del film (no sé si fue la más larga o es que a mí se me hizo un poco cuesta arriba), David se une a los rebeldes, los solteros que viven en el bosque y que huyen de ser cazados por los que se alojan en el hotel. Las personas que no quieren esa vida que se les impone, esa necesidad de estar con alguien cuando puedes estar sólo. Y lo suyo sería que aquí, en el bosque, la personalidad de los personajes cambiara, por el hecho de haber elegido una vida al margen, porque no son borregos como los otros. Por que aquí esa sensación de darnos vergüenza ajena no funciona tan bien, ya que se supone que estos personajes tienen la cabeza amueblada de un modo distinto a los otros. Pero la realidad es que estos tipos son tan ridículamente pavos como los otros, todos menos la líder del grupo (Léa Seydoux).  Que sí, que puede que la moraleja sea que todos somos iguales y nadie es peor que el otro, y ese mensaje se consigue con el final, o en la personalidad de David, que busca tener algo en común como condición sine qua non para estar con una persona. El patetismo gangoso que tan bien vestía ese hotel de mala muerte, en realidad, no encaja del mismo modo con el resto de personajes que no forman parte de ese pastel, y tanto ridículo hace que la película en general esté demasiado forzada a ir hasta ese extremo.

El director se ha pasado con ese elemento que tan bien le funcionó en Canino

Y la escena en la que esto se solidifica es la «rave electrónica con auriculares» que los rebeldes se montan en el bosque ¿Estamos viendo a los Monty Python o qué? En mi opinión, esa gran cantidad de humor absurdo y visual funciona mejor con ideas simples. La distopía perfecta  desluce con los intentos del director de provocarnos la carcajada. Pero ojo, que lo cómico es muy cómico, y ver a los animales en los que se han convertido la gente del hotel vagando por el bosque, o presenciar las absurdas y tontísimas conversaciones mímicas entre los dos protagonistas enamorados es bastante sublime.

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Lo que quiero decir es que, la idea es brillante y parece que se pule en la perfecta dirección hasta que todo se pasa de tuerca y quiere ir hacia lo demasiado ridículo. Eso sí, el suspense está muy bien logrado, sobretodo hacia el final.

La pregunta es ¿Era esto lo que quería conseguir Lanthinos?

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