Los Mejores Libros Para Quitarte Las Ganas de Leer


Ya ha pasado el día de San Jordi. Ya estamos empachados de libros y cultura hasta el año que viene. Y también hemos colapsado nuestras redes sociales favoritas con multitud de selfies agarrando un libro, ese gran desconocido. Ahora toca la desintoxicación, la cura adecuada para esta borrachera de letras. Por si acaso lees por accidente, por circunstancias o por afición -mira que las hay de mejores…- aquí dejo la primera parte de una buena recopilación de los mejores libros que justificarán, sin duda alguna, tu pérdida de gusto por la lectura. Todo sea por la lectura y los libros. Ea.

‘Las enseñanzas espirituales de Sherlock Holmes’, de Joan Bosch

Me topé con este libro mientras andaba; tuve la necesidad imperiosa de volver sobre mis pasos. «He leído mal» pensé. Qué va: este era el título. Junto a él, en el escaparate, había variados y sugerentes objetos de reclamo: parafernalia místico-esotérica a precio de escándalo.

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Lo primero que dijo mi cabeza fue «Joder»; lo segundo «Pobre Arthur Conan Doyle: como si no odiara lo bastante a su criatura como para encontrarla como reclamo en este escaparate». Aunque el autor irlandés tuvo su escarces con lo fantástico -la historia sobre las falsas hadas que lo dejó en ridículo-, seguramente se preguntaría qué coño puede alguien extraer de espiritual de su detective de ficción.

Recordemos algunos detalles sobre Sherlock Holmes: un individuo racional y cerebral a más no poder; para nada místico ni espiritual; misántropo hasta sólo tolerar la compañía de Watson -de quién dice que es su único amigo-; drogadicto habitual y que nada sabe -ni le interesa- sobre teología ni filosofía. Del total de cuatro novelas y cincuenta y seis relatos, sólo dos -El sabueso de los Baskerville y El vampiro de Sussex- abordan una teórica temática fantástica, que el detective desecha completamente sin pestañear: en su mundo todo es racional, lógico y tangible; no hay lugar para monstruos y fantasmas.

Teniendo en cuenta esto, no tengo nada claro si el autor y los editores son tontos o unos caraduras de cuidado: un ilustre personaje literario, el más grande detective de la historia, del que se nos presenta una lista de enseñanzas de las que no sabe nada ni de casualidad.

Me encanta. Me encanta de veras.

‘Cómo cagar en el monte’, de Kathleen Meyer

El último grito en el sector de la supervivencia extrema. Con el auge de los programas tipo Supervivientes, la inminente amenaza de un Apocalipsis zombie, por si quieres emular a Bilbo y Frodo en sus paseos campestres, por si buscas ese subidón de adrenalina coqueteando con la muerte en deportes de riesgo en un entorno agreste, o bien te seduce la teoría del buen salvaje de Rousseau y valoras el retorno a lo natural, esta obra es, sin lugar a dudas, la pieza básica que debes tener en cuenta.

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Nunca puedes saber en qué delicado momento te entrará un apretón, menos aún en un medio desconocido e inhóspito, lejos de la seguridad y el confort de una taza de váter, papel y un lavabo con agua y jabón. Una guía así es de agradecer: no importa cómo alimentarse, encontrar agua, cómo apañar un refugio. Estamos sobre valorando cosas nimias como la orientación, evitar a ciertos bichos o identificar cosas venenosas.

Estas páginas son claves en el delicado momento de evacuar y nos garantizan un proceso y resultado sobresalientes. No caigamos en el error de creer que ya nacemos enseñados. Gracias a este título podemos sentirnos seguros.

‘The Beginner’s Guide to Sex in the afterlife’ (Sexo tras la muerte), de David Staume

Estamos mal acostumbrados. Conocemos distintas webs de contenido porno y los más aventureros intentan desgranar los secretos del Kamasutra -una lástima que las articulaciones no roten 360º y lo de los amagos de hernia-. Otra mala costumbre viene dada por la manía en que nuestro partenaire esté vivo. Y coleando -nótese el sutil y jocoso juego de palabras-.

Aquí se trata de sexo con un difunto; no, no se trata de necrofilia -no seáis zafios ni caigáis en la bajeza moral: esto va de hacer el amor, no de follar-; aquí hablamos de que el Más Allá venga a nosotros para hacer algo más que figuritas de barro. Menos mal que tenemos este recurso a nuestro alcance. Y es que lo que sabemos sobre tener sexo con un fantasma es nulo. Con ‘El sexto sentido‘ aprendimos que puedes estar muerto y no tener ni la menor idea, pero de sexo nada de nada -eso y que a Bruce Willis el peluquín le queda fatal-; con ‘El cuervo‘ sabemos de estilismo -a lo Robert Smith en los ’80s, vestido por los/as hermanos/as Wachowski- y de masacrar a los malos, pero ningún consejo sobre cómo acariciar.

Ahora sabemos lo que hace retumbar muebles y levantar mesas en una sesión de espiritismo: no es un truco, ni tampoco es una estafa; se trata de alguno de los presentes empotrando fuerte con un fantasma. Podemos solventar esas pequeñas dudas que nos asaltan durante, o tras, el retozo ritual con un espíritu: ¿está bien preguntar a un fantasma en qué le ha parecido?; ¿es necesaria alguna charla pos coito?; ¿se requiere una ducha después del tema?…

‘Tejiendo con el pelo de tu perro’, de Kendall Crolius

Lo estabas deseando, y lo sabes. El patchwork está pasado de moda, demasiado out, demasiado principios del siglo XXI. Además tu repertorio de tejanos viejos y camisetas que dan vergüenza ajena -¿qué hacer ahora con las camisetas de Guns N´Roses?- ya está reciclado en tus colchas y las de tus sufridos amigos.

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Para ti, que quieres estar a la última y tienes una vertiente artesana, este libro te hará llorar de emoción y alegría. Y es que es que este libro te presenta la manera perfecta de matar a varios pájaros de un tiro:

  • Hacer algo creativo con los residuos capilares de tu mascota.
  • Ser respetuoso con el medio ambiente: reciclas materia prima y ahorras una pasta en bolsas para el aspirador.
  • Poder tejer tus cosas aunque estés en paro y no puedas pagar el acceso a los materiales.
  • Poder tejer tus cosas aunque trabajes y no puedas permitirte ni salir de casa a causa de tu miserable sueldo.

No caigas en el error de pensar que este libro es una imbecilidad: eres tú el que no encuentra sus innumerables ventajas.

‘What’s your poo telling you?’ (¿Qué dicen tus heces de ti?), de Josh Richman

Una pregunta que nos mantiene a vela noche sí y noche también. ¿Qué piensan mis amigos sobre mis mierdas? ¿Mis jefes? ¿Fracasará esa primera cita por no tener una respuesta clara a esta certera cuestión? ¿Debo mencionarlo proactivamente en la entrevista de trabajo, o bien espero a que el interlocutor aborde el tema?

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Según constató Freud -a su manera, entre chute y chute- el mirar las heces de uno mismo significa haber superado el pudor sexual. Gracias a su intelecto sabemos que hay algo más en esta maniobra que sólo contemplar el panorama para ver si hace falta frotar algún derrape con la escobilla. Gracias a Freud me siento ya listo y preparado para -cuando me vuelva un poco más loco- poder participar en una fiesta Furry. Gracias a este libro puedo ahora seguir la estela socrática del Sapere Aude y avanzar unos pasos en mi auto conocimiento.

Este título logra conciliar ciencia, psicología y sabiduría popular; no es tarea fácil aunar a Hipócrates, Hannibal Lecter y Txumari Alfaro.

«Fabrica tu propio ataúd (Para animales y seres humanos)», de Dale Power

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Si te emocionó en su día Bricomanía -memorable el programa dedicado a construir una piscina «lo primero es alquilar una retroexcavadora» (sic)-; si compaginas tus sábados en Ikea con visitas a Leroy Merlin o Aki, este es tu libro de cabecera desde ya mismo.

Ya dispones de otro manual para superar la crisis de identidad y la falta de logros al alcanzar la cuarentena. Ahora, en tu madurez, piensas ya sólo en morirte: desde hace veinte años tienes un plan de pensiones, tu próstata aguanta de milagro, tus retoños pasan de ti y tú mujer -ella está estupenda y triunfante- también. Hasta tu cuñado tiene razón en todo, de verdad. Nadie quiere tus mesitas camilla hechas con palés, ni tus estanterías construidas con cajas de frutas recicladas.

Ponte manos a la obra y descubre los trucos y secretos de la construcción de ataúdes. Además de ahorrarte una pasta y ocupar tu tiempo libre, consigues dos ventajas extras: silenciar cualquier conversación incómoda o aburrida sacado el tema de tu nuevo hobby y tunearte tu caja de reposo eterno a tu gusto, con detalles y medidas completamente tuyos.

Imagina tu entierro: los pocos amigos que te quedan compungidos, tu esposa -o ex esposa seguramente- e hijos con cara de «a ver cuando termina este coñazo», tu canción favorita sonando y ahí, en medio del pastel, tu ataúd, con forma de caza X-Wing, o de zapatilla de running, o con una estatua de Pamela Anderson repantigada.

Suéltate, desmelénate -es un decir, claro: hace años que te rapas, no para ser cool, sino para que no se vea el cartón-, siéntete libre.

Podrán olvidar muchas cosas de ti -dalo por hecho-, pero será difícil olvidar tu último auto homenaje.

«Imágenes con las que no masturbarse», de Graham, Rob Johnson y Hibbert

Ya conoces de sobra tus webs preferidas en donde te sugieren estimulantes imágenes diarias para tu relax íntimo. Y vídeos. Y tienes en el disco duro de tu cerebro cantidad de recuerdos pasados o fantasías recurrentes de las que echar mano en un momento dado -otro sutil y jocoso chiste con las palabras-.

Puede que haya llegado el momento de superar tu adicción y que ningún programa de atención al onanista compulsivo, ni ninguna estrategia de Masturbadores Anónimos haya dado fruto. Si estos intentos han fracasado, si tu papelera se sigue llenando de pañuelos de papel con tu ADN, si eres de las afortunadas mujeres que emulan tsunamis en sus orgasmos… gracias a este título lograrás que tu líbido haga las maletas y se largue a vivir a Groenlandia.

Para esas ocasiones en las que quieras sacudir el manubrio o sacar lustre a la perlita, la cuidada selección de imágenes te cortará el rollo de manera fulminante.

Y es que una imagen vale más que mil palabras. En este caso aún más que mil.

Ninguna terapia, ningún sermón, ningún dato magufo ha logrado jamás tal éxito en desarticular el empeño masturbatorio.

«¿Habla Dios a través de los gatos?», de David Evans

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No nos tomemos este tema a la ligera. Omnipresentes en internet, como Dios en todas partes, aún nadie puede estar seguro del palo en que van estos bichos. Conforme el ser humano ha sido capaz de domesticar a distintas especies animales, resulta que los gatos decidieron domesticarse ellos solos por conveniencia: dado que en los primeros asentimientos humanos había grano, habían también ratas. Los felinos, que no tienen ni un pelo de tontos, llegaron a una conclusión lógica aplastante: les convenía dejarse amaestrar -en parte- por los humanos y tener así acceso a los roedores.

Un perro -el mejor amigo del hombre, dildo aparte según una amiga-, es transparente. Gruñe si está de malas y agita el rabo si está de buenas. El gato va al revés: ronronea si está a gusto, y agita la cola si está cabreado. Fuera de esto, ¿qué podemos saber de lo que quiere decirnos? La mayoría de veces su expresión facial viene a decirnos: imbécil. Y con un aplomo y tal seguridad que los coloca en una muy superior cota de comprensión y veredicto. Seguramente, la misma opinión que Dios debe tener de nuestro día a día.

Gracias a este libro podemos descubrir la futilidad de entender a nuestros gatos, de igual manera en que no logramos entender los actos de cualquier deidad: es como intentar entender las reglas en un juego donde un tío reparte cartas, tú no sabes qué hacer y él sólo sonríe.

Podría extenderme más, mucho más. Gracias a Johannes Gutenberg, al avispado sector editorial y a escritores sublimes, esta lista podría convertirse en un filón inacabable. Se podrían añadir títulos como «Una guía práctica del racismo«, «La palabra coño en 75 idiomas«, «Taxidermia de mierda«, el magnífico «Calendario de Kim Jong-Un de 2016«, «Semenología: el libro básico para el camarero» y «Zippi niega el Holocausto«.

En caso de que alguien que me caiga tremendamente mal lea esto, le recomiendo encarecidamente la lectura reiterada de todos estos títulos.

De nada.

¿Conocéis algún otro libro que te dan ganas de quemarlo? ¡Déjanos un comentario!

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