‘Strong Island’, un plano de un rostro muy cercano


Strong Island‘ (Yance Ford, 2017) es un documental original de Neflix que directamente te golpea en medio de la cara. Una cara golpeada y vista en un primer plano frontal, muy cercano, que inunda toda la pantalla de tu televisor.

Ese primer plano es el de Yance Ford, director del documental, en el que investiga -más de 20 años después- el asesinato de su hermano, un hombre de raza negra a manos de un grupo de hombres blancos en los suburbios de Long Island.

El supuesto crimen, que nunca dio lugar a ningún juicio, y la investigación fallida por parte de su hermana, dan pie a una reflexión sobre los fallos de justicia, el valor de la familia y la eterna problemática racial en la que viven inmersos los EE.UU y por extensión, el mundo entero.

El principio del documental nos hace pensar que nos encontramos con otra investigación de un crimen sin resolver en el que finalmente y con suerte llegaremos a conocer quiénes fueron los responsables. Strong Island rompe esa expectativa rápidamente en el momento en que Yance Ford, siempre filmado en un plano muy, muy cerrado, se topa con el muro del silencio y las negativas a colaborar de los agentes que se encargaron del caso.

A partir de ese momento, la historia se centra en los testimonios de los familiares de Yance: su madre, su hermana y él mismo. La historia de una familia de color que huyendo del racismo del sur busca la prosperidad en Nueva York. Una vez allí, la huida de la violencia de las peligrosas calles de Nueva York les lleva a vivir en un suburbio de Long Island, habitado únicamente por personas de clase media de raza negra.

El recorrido por el dolor de una familia.

Este documental, filmado a lo largo de diez años, encuentra su gran baza en la combinación de thriller de investigación criminal con el retrato intimista de una familia destrozada por culpa de un crimen no juzgado.

Una historia que sirve de exorcismo vital para su protagonista, quien a medida que avanza la historia se va desnudando ante nuestros ojos con secretos y confesiones; desde la aceptación de su auténtica condición sexual hasta la revelación de hechos que sucedieron antes del crimen y que han quedado como una losa de culpa en su memoria.

Un recorrido intenso y visceral por el dolor de una familia que lleva la historia hacia un callejón sin salida; no hay solución ni reparo al dolor. Este es un mundo injusto y los conflictos raciales amenazan con seguir ahí. Por eso es necesario, y en parte de eso va este documental, explicarlos de una manera muy cercana y directa, como los planos del rostro de su director.

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