El Olivo


El abuelo de Alma (Anna Castillo) ama la tierra y sus olivos. Toda la vida ha cuidado de ellos, y ha producido el aceite que ha dado beneficios a la familia. De entre todos los olivos hay uno, que es especial. Es milenario y sus raíces se han arelado con fuerza en la tierra, y en el alma de su abuelo. Pero un día, los hijos de su abuelo (padre y tío de Alma) deciden vender el olivo a una empresa extranjera, única y exclusivamente por dinero. Desde ése día, el abuelo de Alma no ha vuelto a ser el mismo. Perdió una parte de sí mismo con la marcha de el Olivo y Alma no se lo puede perdonar.

Así es la historia que nos cuenta Iciar Bollaín con la película El Olivo. Alma ya tiene 20 años y está trabajando en una granja de pollos en un pueblo del interior de Castellón. Para Alma, su abuelo es la persona que más quiere y le importa en este mundo. Su abuelo dejó de hablar hace años y la tristeza es la única fuerza que ilumina sus ojos. Desde que perdió el olivo, no tiene ganas de vivir, hasta ha empezado a dejar de comer. Alma es una chica testaruda, fuerte y decidida. Tiene claro (o se convence) que la única forma de devolver a su abuelo la «vida» es recuperar el olivo que la familia le quitó contra su voluntad hace 12 años.

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Alma no tiene miedo a nada, por lo que sin dinero ni nada, tiene muy claro que se va a buscar el olivo milenario. ¿Quién le ayuda? Su tío «Alcachofa»(Javier Gutiérrez, excelente actuación), de 45 años,y su compañero de trabajo Rafa (Pep Ambrós), de 30. También le ayudan sus amigas Wiki y Adelle y, todo su pueblo, para recuperar el olivo que ha sido replantado en alguna parte de Europa, y traerlo de vuelta a la masía familiar.

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El Olivo no sólo es una historia familiar alrededor de la búsqueda de sus propias raíces, también esconde un mensaje ecologista entre líneas. Cada vez más se pierde el valor por nuestra propia naturaleza y sobre donde pertenecemos. Alma es un ejemplo de alguien que no se queda de brazos cruzados esperando que le solucionen sus problemas, si no que tiene la fuerza para luchar por lo que quiere. Su familia es lo contrario, y en el fondo, es un ejemplo de la sociedad española. Nos quedamos de brazos cruzados quejándonos, pero en el fondo no nos ponemos manos a la obra para cambiar lo que no nos gusta.

También es una reflexión de como tratamos a nuestra propia familia. El origen de donde venimos, nuestras propias raíces. Cada vez se pierde más, no sólo a nivel familiar, si no también de nuestra propia tierra. La vida rural se está perdiendo y quedan muy pocos que se dediquen a ello. En este aspecto es una llamada a la sociedad para que cuide su propio país y la naturaleza que lo forma.

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