Fantasmas, de Chuck Palahniuk


Chuck Palahniuk

Vaya por delante que Chuck Palahniuk es uno de mis autores favoritos; desde que en 1999 cayó en mis manos ‘El club de la lucha‘ -editado por Muchnik- he seguido su periplo como escritor hasta el día de hoy. Con todo no soy un fan-boy: hay libros suyos que me gustan y otros que me decepcionan; así que no hay peligro aparente de que, ciego a cualquier objeción, caiga rendido ante todo lo que escribe.

Su primera novela, llevaba al cine por David Fincher, nos muestra la esencia de su obra: los elementos transgresores, los personajes quemados y, a su manera, heroicos, la crítica y la mordacidad a todo un sistema de vida, su peculiar humor y una serie de historias-anécdotas basadas en la realidad y en leyendas urbanas. Aparte, claro está, su estilo, basado en el minimalismo de Amy Hempel y Tom Spanbauer: frases cortas y contundentes y el aderezo de un lenguaje directo. Todo ello divierte, estremece, impacta y hace pensar.

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Los límites de Palahniuk y otros autores

Pero a todo hay un límite y a Palahniuk parece que le ha llegado: muchos son los que opinan, y me incluyo, que las voces de sus personajes tienden a parecerse demasiado novela a novela; se esperan los giros inesperados de las tramas; las escenas impactantes parecen cada vez más desbocadas -e irreales, si cabe- buscando esa sensación de la primera vez; en resumen, si bien Palahniuk seduce gracias a estos elementos a muchos lectores, no sabe -o no le interesa- innovar y llevar su escritura por otro derrotero. Sin embargo esta crítica puede pecar, quizá, de no tener mucho fundamento: también Agatha Christie agota en varias novelas la misma idea de que el asesino es la persona que, por una determinada circunstancia, no puede, aparentemente, perpetrar el crimen; Frédéric Beigbeder abusa en sus obras de los mismos tópicos, ideas y situaciones; Stephen King -con contadas excepciones- sólo escribe terror y tiene los mismos dejes. Y nadie dice ni mu.

Fantasmas

Entrando ya en materia, en Fantasmas, el arranque se da con un anuncioRetiro para escritores: abandone su vida durante tres meses»-, que lleva a que una panda de escritores freaks -la Hermana Justiciera, el Casamentero, la Dama Vagabunda, el Chef Asesino y otros- se reúnan en un destartalado teatro para buscar la inspiración definitiva y crear su gran obra. Cada uno de ellos cuenta una historia -¿autobiográfica?-, alguien escribe un poema sobre ese personaje y, finalmente, un narrador nos cuenta lo que ocurre en este teatro y con estos protagonistas día a día. Gente reunida contándose historias, sacudiéndose sus propios fantasmas, intentando huir de ellas mismas. Y ya está. Un poema, una historia, una escena como hilo conductor, y vuelta a empezar. Una fórmula que no es nueva: desde el ‘Decamerón’ hasta ‘El club de la buena estrella’; tramas que hablan de gente reunida como excusa para contarse historias. ¿Una fórmula repetitiva? Hasta cierto punto, sí. Pero, ¿qué no lo es a estas alturas? Incluso la aclamada ‘La casa de las hojas’, es una versión de los libros de construye tu propia aventura a mayor escala: «Si tu héroe elige tomar el pasillo de la derecha sigue en la página siguiente; si gira a la izquierda pasa a la página 58».

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El hecho diferencial en Fantasmas es que Palahniuk crea un potente nexo que une cada historia. No he encontrado una pista de lo que realmente pretendía escribiendo estas historias que conforman el libro. No tengo ni idea de si era su intención, o fue el resultado de tener escritos sueltos y buscar una manera de unirlos. Algo me da a pensar que Palahniuk se encontró con un montón de historias y pensó cómo conectarlas unas a otras; de hecho la primera de ellas, ‘Tripas‘, es con la que desde hace años empieza sus lecturas. Sea como sea, creo que el autor logra llevar esta excusa a un nivel superior. A través de este anuncio nos presenta a un grupo de escritores wannabe que se las apañan para quejarse de que nadie reconoce su gran -y supuesto- talento y que hacen de todo, menos escribir. Y no escriben ya que están demasiado ocupados contando la historia de cómo han triunfado, la historia de cómo escribieron su obra maestra, una vez sean famosos. Hasta llegan a tomar notas, en vistas a un futuro guión de cine, sobre cada cosa que sucede en la casa.

No son escritores…

Estos escritores, no son para nada escritores. No son más que concursantes de Gran Hermano, de Supervivientes, de El Juego de tu vida. Sólo piensan en lo que contar a las cámaras, en el aplauso del público. Sobre todo, no piensan en escribir. Y a cada detalle, a cada suceso, le añaden una versión mejorada, más fuerte, que venda más, marcando un terrorífico límite nuevo. Si uno se corta un dedo, otro corre a cortarse todos los dedos, y entonces alguien sopesa el cortarse el pene. Y, de la misma manera, estos auto-llamados escritores se centran en expandir sus miserias y crean monstruos en las sombras. Todo para ser famosos, su real y única intención.

El sentido del humor retorcido y la transgresión de Palahniuk siguen intactos, y buena muestra son historias como Publicidad encubierta, y la ya mencionada Tripas. La trama que sirve de enlace se sobrepone a las historias en sí mismas y asesta un contundente golpe al lector con una simple pregunta: «¿Qué estarías dispuesto a hacer?».

En definitiva, y a pesar de los defectos ya mencionados, Fantasmas no deja indiferente. La excusa para reunir a distintos personajes no es nueva, pero sí presenta una sustancia propia e interesante, que poco a poco se sobrepone a cada historia y cada personaje. Una lectura recomendada, tanto si no conoces a Chuck Palahniuk, como si te dejó de interesar en algún momento.

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