Transexuales de cine

Plataformas de escándalo, pintalabios mulitcolores, perfumes baratos y aversión por lo ordinario. El mundillo de la transexualidad nunca está exento de escándalos, y para el cine no va a ser menos. En ocasiones, el mundo del celuloide nos ha brindado la oportunidad de conocer las vidas y andadas de estas a menudo alienadas personas que han decidido dar el valiente paso de anteponerse a todo y todos para defender aquello en lo que creen y luchar por su auténtica identidad y rol en esta sociedad.

Recientemente se ha estrenado Transparent, una serie de comedia dramática sobre una familia disgregada tratando de recomponerse cuando el padre de familia (Jeffrey Tambor) anuncia su travestismo, en una magnífica actuación que le valió el Globo de Oro al polifacético actor de Arrested Development. Pero antes que Tambor, un gran nombre de actores y actrices se han vestido con las ropas del sexo opuesto para brindarnos papeles que, a menudo, representan joyas en sus respectivas carreras. Aquí os dejo algunos de los mejores ejemplos para mi gusto:

Agrado (Todo sobre mi madre, 1999)

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Deslenguada, fiel, fuerte, mística, auténtica. La mítica Agrado, protagonizada por Antonia San Juan (sí, a la que Fernando Esteso chupó un pezón), es una mujer que malvive haciendo la calle en una colorida y suburbana Barcelona retratada por un Almodóvar en estado de gracia. «La Agrado» ayuda a una rota Manuela (Cecilia Roth) a buscar, tras la muerte de su hijo Esteban, a su exmarido, también transexual, que se hace llamar Lola (Toni Cantó), personaje que aunque no aparezca hasta entrado el tercer acto ocupa un rol omnipresente y primordial en el filme.


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Con una fuerte actitud y un cuerpo de silicona, la Agrado se come la pantalla y los corazones de todo espectador.

Dr. Frank-N-Furter (The Rocky Horror Picture Show, 1975)

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En un tétrico castillo oculto entre los oscuros árboles de un no menos tétrico bosque, vive un grupo de personas de un bizarrismo excepcional nunca antes visto en la pequeña o gran pantalla. Liderando este pintoresco grupo, un hombre vestido con negras y seductivas prendas femeninas (interpretado por un pletórico Tim Curry) trata de llevar a cabo un experimento como un paródico doctor Frankenstein: revivir una musculada criatura con fisionomía germana para llevar a cabo sus más profundos y alocados deseos carnales. En medio de este despliegue de libertad sexual y de espíritu, una conservadora pareja de prometidos (interpretada por unos jovencísimos Barry Bostwick y Susan Sarandon) se verán obligados a presenciar tal desmesurado acto. El carismático Doctor verá en ellos la oportunidad de corromper su cuadriculada mentalidad.

Mitzi Del Bra, Felicia Jollygoodfellow y Bernadette Bassenger (Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, 1994)

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Dos drag queens (Hugo Weaving y Guy Pearce) y un transexual (Terence Stamp) atraviesan el desierto rojo de Australia en autobús para llevar a cabo un espectáculo de cabaret en un hotel de Alice Springs. En este peculiar mix entre road movie, buddy movie homosexual y comedia dramática; los tres amigos llevarán a cabo una travesía de dos semanas a través de un caluroso desierto rodeados de música, sedas de colores y plataformas para escapar de sus problemas, para encontrarse en un viaje que les servirá, irónicamente, para todo lo contrario.

Hedwig (Hedwig and the Angry Inch, 2001)

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Hedwig (John Cameron Mitchell) se casa con un soldado americano y se somete a una operación de cambio de sexo para poder pasar al otro lado del muro de Berlín. Lo que no se esperaba Hedwig era que no encontraría la felicidad en la ansiada libertad: su marido la abandonaría y la mal efectuada operación le dejaría un arrugado pellejo entre las piernas (la pulgada irritada) que la convertiría en un ser incompleto, a caballo entre un hombre y una mujer, en busca de su media naranja. Hedwig llevará a cabo su enfurecida búsqueda por su platónico amor a golpe de rock, pelucas de escándalo y una delicada fortaleza propia de aquel que se ha pasado la vida sufriendo para no sufrir.

Bree (Transamerica, 2005)

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Felicity Hoffman interpreta un transexual con problemas psicológicos que ansía por encima de todo convertirse enteramente en mujer. Lo único que necesita para conseguirlo es la aprobación de su psicolanalista, hasta que todo se estropea cuando recibe una inesperada llamada: su hijo adolescente, cuya existencia desconocía, está en la cárcel y necesita que paguen su fianza. La delicada Bree deberá ir a buscarlo, ocultando su rol de padre (y transexual) y emulando ser voluntaria de una iglésia que ha venido a ayudarlo. Emprenderá, de este modo, un viaje donde empezará buscando un lugar donde dejar al chico para acabar encontrándose, a través de él, a si misma.


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Podemos encontrar muchos más ejemplos de la talla de estos personajes en el universo de Pedro Almodóvar o John Waters, así como otros atípicos personajes como el malogrado Brandon Teena (Boys Don’t Cry, 1999) o el carismático y divertidísimo Albert Goldman (Una jaula de grillos, 1996).

En cualquier caso, encontraremos en la transexualidad y el travestismo un fascinante mundo que se merece mucho más respeto y admiración de los que recibe actualmente. Y creo (y espero) que el cine lo está, a cuentagotas, poniendo en su lugar con estos valientes, pintorescos, profundos y comunmente malinterpretados personajes. «Porqué una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de si misma».

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