‘La Peggy Pickit veu la cara de Déu’, una obra de teatro muy singular


Mi primera visita al Teatre Maldá es con La Peggy Pickit veu la cara de Déu del dramaturgo y director teatral Ronald Schimmelpfenning, con la dirección de Moisés Maicas y los intérpretes Nùria Cuyàs, Xavier Frau, Óscar Jarque y Lluna Pindado. La obra se estrenó por primera vez en el Deutsches Theater de Berlín en 2010 y, como es costumbre de su dramaturgo, consigue hacer una autopsia de la visión del primer mundo acerca de la problemática del tercer mundo (cuando la obra salió, aún el término “países en vías de desarrollo” no era habitual, pero me ceñiré a ello a partir de ahora) pasando por estados como la ilusión, la frustración, la lástima, la envidia o la rabia, en plena cena de amigos.

Los conflictos entre el primer mundo y los países en vías de desarrollo no son cosa de risa. ¿O sí? ¿No hay acaso cierta gracia y comicidad en el lado más patético del ser humano, condenado a ser incapaz de cambiar nada a su alrededor y, también, a la insatisfacción personal, haga lo que haga?

Los personajes de Schimmelpfenning, unos grandes amigos que se reencuentran después de seis años sin verse, están en un momento de su vida en el que la frustración, rencor y sentimiento de culpa dominan el espacio en el que transcurre la obra y, muy probablemente, el antes y el después de la misma.

¿De qué va la obra?

Ambas parejas rondan los 40. Sí, los 40, ese momento en la vida en el que se hace un balance de todo lo que se ha conseguido y todo aquello que uno dejó por el camino. Probablemente una de las épocas más infelices para todo aquel que sufra por sus fracasos y anhelos, acumulados durante la treintena. Toxicidad en estado puro que anhela un sueño. O solamente un conflicto, incluso sólo una cena.

Por un lado tenemos a una pareja burguesa y acomodada con una niña encantadora e inteligente, y una imagen de cara a la galería de pareja ideal. Por otro tenemos a una pareja de médicos que han vivido sus últimos 6 años en África y acaban de volver, con esa imagen de héroes que, con sus actos, hacen el mundo un poquito mejor.

Pero Schimmelpfenning, poco a poco, hará que sus personajes destrocen sus máscaras a bofetada limpia.

La segunda colaboración de Moisés Maicas con Roland Schimmelpfenning tras El drac d´or demuestra que, tanto dramaturgo como director, tienen una visión muy clara del teatro como análisis social y la perspectiva de que el teatro no debe quedar al margen de la sociedad, sino que debe participar y arriesgarse e, incluso, sensibilizar al público. Esta idea del teatro social y sentido crítico tan de Brecht está tomando fuerza en muchas propuestas teatrales en el OFF, y vamos poco a poco, pero Schimmelpfenning es una buena referencia para ello. Dramaturgo y director teatral de Göttingen, ha estrenado en teatros como el Akademiestheater en Vienna (donde estrenó Das fliegende Kind en 2012) o en la Deutsches Theater de Berlín, un espacio donde siempre se llevan a cabo propuestas teatrales muy arriesgadas y, además, donde se estrenó el primer montaje de La Peggy Pickit veu la cara de Deu.

Adaptaciones a la alemana

Al documentarme para escribir este artículo y recomendaros que no os perdáis La Peggy Pickit veu la cara de Deu, he encontrado algunas adaptaciones que se han hecho previamente de la obra en Alemania que me han fascinado. Realmente no se puede copiar las propuestas de otros directores pero, os dejo un fragmento de una propuesta que se llevó a cabo en Alemania en el que, podemos ver, ya contaba con la idea del ciclorama (aunque aportando proyecciones), pero todo se desarrollaba en un ring de boxeo, contando con los mismos elementos, pero dejando mucho más clara la idea del conflicto, de los dos mundos, de la violencia implícita.

No sé hasta qué punto guardamos tantas diferencias con el teatro alemán, salvo que allí sienten un amor muy profundo por el teatro y, quizá por eso, no puedo evitar mi debilidad por las locuras de la Schaubühne o propuestas como estas, en las que mente y cuerpo no tienen descanso durante hora y media. Nùria Cuyàs, Xavier Frau, Óscar Jarque, Lluna Pindado tampoco descansan: cantan, se agreden verbal y físicamente, pierden los papeles y nada pierde ni un ápice del humor negro y la inteligencia de un texto impecable y que se ve muy cuidado por todo el equipo. Y yo les agradezco el trabajo, porque su energía aporta esa brusquedad y violencia sutil que necesita el texto y, realmente, ellos, Maicas y Schimmerpfenning han creado su propio ring de boxeo en la propuesta e, incluso algo tan manido como la ruptura de la cuarta pared, se vuelve sumamente interesante dado que la propuesta de Maicas y Schimmelpfenning implica que estos pensamientos que surgen durante la discusión, lleven a repetición del momento previo, pudiendo valorar la escena y la discusión desde diferentes ángulos y desde diferentes personajes.

Y ya os he contado mucho. Sólo os queda ir al Maldá e ir a verla antes del 5 de marzo, de miércoles a domingo.

Y no os preocupéis por vuestra propia sensación de culpabilidad por el mundo… Estaréis muy ocupados disfrutando de la obra.

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