‘Mindhunter’ y la publicidad engañosa


Mindhunter ha sido uno de los grandes estrenos en Netflix en el 2017. La serie, ambientada en los años setenta, narra el comienzo de la psicología criminal y está basada en hechos reales. El hilo conductor es un estudio llevado a cabo por un dúo de policías del FBI pertenecientes a la unidad de Ciencias del Comportamiento. La novedosa metodología que usan son una serie de entrevistas a asesinos condenados por terribles asesinatos. La serie tiene puntos muy interesantes y otros más flojos -como todo producto-, además de la estrategia publicitaria elegida para su promoción quizá le haya jugado una mala pasada.

La premisa que se utilizó para su promoción fue sencilla. Se vendió un thriller policiaco dirigido por David Fincher con todo lo que ello implica. A todos se nos viene a la cabeza dos obras maestras del cine como son Seven o Zodiac. Eso era lo que el espectador esperaba porque fue el caramelo que se le dio a probar. Y, como podréis haber visto, el resultado no fue el deseado. La serie tiene características de la obra del director, como la ya nombrada temática o la pretensión de dotar de una gran profundidad psicológica a los personajes. También tiene un final de gran factura pero hay otras partes que no le hacen justicia.

Puro Fincher sin Fincher

La primera temporada de Mindhunter tiene diez capítulos aunque la verdad es que David Fincher solamente dirige un total de cuatro episodios -los dos primeros y los dos últimos-.

El principal problema que podemos encontrar en la serie es el desarrollo de la historia en los capítulos centrales. Hay un gran contraste entre las grandes escenas donde se conversa con los asesinos y los momentos donde los personajes se relacionan con el mundo en el que viven. Éstas muchas veces cadecen de ritmo y de interés.

En este punto creo que hay que pararse a alabar la actuación de Cameron Britton como Edmund Kemper, sin duda una de las actuaciones del año. Secundario de lujo y por el que pasan los momentos donde más luce Mindhunter y donde más se nota la influencia de Fincher, dirija él o no en ese momento.

Otra problemática relacionada con la anterior es la evolución de los personajes. Holden Ford (Jonathan Gorff), el protagonista, lo hace de una manera muy brusca, casi de un momento a otro. Es muy interesante la deriva que tiene pero no la manera que se lleva a cabo. Por su parte Bill Tench (Holt McCallany), compañero de Holden, va perdiendo peso argumental y relevancia a lo largo de las horas de metraje. Es otra muestra de cómo los personajes pierden la mitad de su singularidad cuando los sueltas en el mundo real. Un mundo que en Mindhunter debería representar a los años setenta pero tampoco hay prácticamente nada que haga que nos indique que esto es así. Una gran oportunidad perdida.

Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany) en una escena de Mindhunter

Mindhunter, una esperanza de futuro

Mindhunter es una buena serie con momentos sobresalientes pero irregular. Con elementos de Fincher, que es lo que vendió, pero sin su toque de genialidad. Es un proyecto que considero que mejorará a lo largo de las temporadas. De momento es un quiero pero no puedo. Quiere penetrar en la mente de los asesinos pero antes debería hacerlo en sí misma. Observar sus carencias.

Es una verdadera pena que un producto de matrícula de honor se acabe llevando un triste notable bajo. Todos los consumidores teníamos las expectativas por las nubes y la sensación al ver los créditos finales es de una cierta decepción. Un sentimiento que se hubiera podido evitar de una manera muy sencilla.

* Artículo escrito por Brais Nogueira

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