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Shin Godzilla, una monster movie con alma de sátira

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Godzilla vuelve al cargo y a la carga. El rey de los Kaijus se deja asomar de nuevo por Tokyo para hacer de las suyas y llevar de cabeza a millones de desalmados. Pero el mundo ya no es el que era, y en plena era post-11S ¿estarán los gobiernos a la altura de tamaño atentado de la naturaleza?

De los creadores de…

Shin Godzilla (シン・ゴジラ Shin Gojira, 2016) surge de las mentes e inspiración de Hideaki Anno y Shinji Higuchi, experimentadores directores con recorridos algo dispares aunque no del todo desvinculados.

Anno es principalmente reconocido por ser el creador de la mítica serie Neon Genesis Evangelion (1995) y sus posteriores adaptaciones a la gran pantalla. Sus trabajos más destacados han girado entorno el mundo del anime, asumiendo su pluma la autoría de series como Kare Kano (1998) o El misterio de la piedra azul (1990), en la que coincidió con Higuchi.

Este segundo, por su parte, se ha decantado más por los proyectos con actores de carne y hueso, siendo el catastrofismo un denominador común en varios de sus trabajos.

Para los otakus con alma cinéfila os destacaría su doble entrega de Attack on Titan (‘Ataque a los titanes), surgida del popular cómic homónimo de carácter distópico que ya evolucionó su formato en 2013 con una macabra (y apoteósica) serie anime.

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Este subgénero en ascenso (el pase de anime a realidad), del que Shin Godzilla sin duda bebe, es cada vez más popular en el cine nipón, que aprovecha su amplio abanico de cómics y animes de reconocida popularidad para sacar beneficios en la gran pantalla. Buenos ejemplos de ello son la adaptación de Death Note (‘Death Note, el último nombre’, 2006) o la reconocida Old Boy (2003). Si os interesa el tema, leed nuestro artículo sobre las 12 mejores películas de imagen real basadas en mangas.

Godzilla a lo largo de los años

Pero nuestro coloso de los mares no es precisamente un novato en el mundo del celuloide. Desde que amaneció en la pantalla grande con Gojira (1954), Godzilla ha aparecido nada menos que en 28 películas japonesas y dos remakes americanos.

La figura de Godzilla es un icono cultural del cine internacional, pero es en su país de origen donde ha despertado mayor interés y popularidad. Su rol, además, ha ido evolucionando con los años, pasando de antagonista principal a figura de anti-héroe y llegando a salvar a Japón de monstruos de toda índole y condición durante más de medio siglo, donde el malogrado Tokyo se erguía como el ring favorito para las apocalípticas pugnas.

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Una Kaiju movie algo diferente

En esta ocasión, sin embargo, la monster movie por antonomasia está encauzada como una historia de origen, siendo esta la primera vez que surge de las profundidades del océano a ojos de los desdichados personajes del filme. Pero ¿qué hace de especial esta entrega después de décadas del apoteósico dinosaurio dando candela?

Para empezar, Shin Godzilla centra su punto de vista en los principales mandatarios del Gobierno nipón y el gabinete de crisis que se forma para combatir la hecatombe. El habitual estrago del avance del monstruo queda relevado en un segundo plano (al contrario de las versiones americanas, donde prima el espectáculo visual de los efectos especiales), convirtiendo sus apariciones en meras excusas para impulsar la trama que realmente interesa a Anno y Higuchi, una trama menos espectacular y más terrenal, pero con posibilidades narrativas infinitamente más jugosas (atentos a la venidera Colossal, de Nacho Vigalondo).

Así que sí, en esta ocasión Godzilla funciona más como un ciclópeo MacGuffin, lo que personalmente no supone ningún inconveniente (a no ser que te tire más el escapismo de darle leña al mono).

En segundo lugar, Shin Godzilla fluye con un ritmo descerebrado, asumiendo un frenético montaje por yuxtaposición que remata muy bien el tono cómico del filme.

Y es que tanto visual como narrativamente, la película recuerda constantemente la forma de discurrir de los animes, donde el sello de Anno se palpa como una bofetada bien dada (y que te debe gustar recibir). Así que con inesperada originalidad, Shin Godzilla emerge como una epiléptica parodia del cine de catástrofes en clave de anime que de seguro que atraerá a los seguidores del género. Pero que no os confunda mi verborrea pedante: este Godzilla es más grande, deforme y destructivo que nunca.

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Y por último, y sí más importante, una refinada sátira con muy mala leche que dispara a troche y moche y da en más de un blanco (y caucásico). En el Japón post-Segunda Guerra Mundial ni se olvida ni se dejan pisar. Señor Trump, queda avisado. Estar viviendo en la era del auge del terrorismo no es muy alentador, pero tampoco lo es la extrema posición adoptada por buena parte de la sociedad occidental y que nos han conducido, o lanzado, a conflictos políticos como el Brexit o la crisis de los refugiados. ¿Y dónde radica el problema? En no saber poner los pies en el suelo y afrontar la crisis con auto-crítica y memoria histórica.

Siendo uno de los grandes perdedores del mayor conflicto bélico de nuestra especie, el país del Sol Naciente ha demostrado ser capaz, como su nombre, de renacer del desastre económico y social. Y por lo que parece sugerir Shin Godzilla, algo que los pro-populistas deberían entender, es que no es tanto por la gestión de un Gobierno bien estructurado y preparado (que despiertan risas entre prisas, pero nada de confianza) sino por un pueblo con un fuerte carácter, una insuperable resistencia y la admirable capacidad de resurgir de las propias cenizas. Ah espera, ¿esa no era la definición de Godzilla?

Nota final: 8/10

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