St. Vincent


Seamos claros. Hay dos tipos de persona; la que cree que Bill Murray es sólo un actor de comedia, y la que cree que su papel dramático en Lost in Translation consiguió llegar a la fibra. Pues bien, con St. Vincent ya no tendréis duda alguna; Bill Murray es el rey del humor ennegrecido.

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St. Vincent, película que se estrenará el próximo 12 de diciembre, nos trae la historia de siempre pero contada de un modo un poco más ambicioso. He aquí el trailer. Os lo pongo también en inglés porque soy una defensora de la versión original.

Vincent es un hombre de mediana edad que vive la vida como le da la gana. Cabreado crónico, Vincent es lo que podríamos decir un vividor, pero sin el dinero; apuesta, bebe como un condenado, se acuesta con prostitutas y le da igual todo lo que le rodea. Un día, una madre y su hijo se mudan justo a la casa contigua a la suya, disturbando su tranquilidad. La madre (Melissa McCarthy) tendrá que pedirle a Vincent que haga de niñera de Oliver (Jaeden Lieberher), su hijo, mientras ella esté trabajando. Entre Vincent y Oliver nace una bonita y curiosa amistad que os hará reír y moriros de ternura. Sobretodo reír.

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A todo esto sumadle una prostituta embarazada llamada Daka (Naomi Watts), que tiene una relación de amistad-odio con Vincent. Otro personaje que me gustó fue el del profesor del colegio de Oliver, interpretado por Chris O’Dowd, tan cómico como cualquier otro encarnado por él. Y Melissa McCarthy me sorprendió gratamente, puesto que en su última película, Tammy (que ya pusimos verde AQUÍ), me decepcionó hasta límites insospechados.

ST. VINCENT

Es la historia de niño cambia a viejo cascarrabias. Ah sí, y con Bill Murray. Cuando vi el primer plano, contrapicado, de Vincent contando un chiste malísimo, ya sabía que me iba a gustar. Y en efecto, fue así. Vincent, Oliver y Daka son un trío malísimo, de perdedores; Vincent es un fracasado nato, Daka es una prostituta y bailarina exótica con una panza que no le deja restregarse por la barra, y Oliver es el hazmerreír del colegio y un blandengue. ¿Y que hay mejor que unos anti-héroes que unen sus fuerzas para superar este mal trago que es la vida?
El final es predecible…en parte. Incluso el título nos da la pista. Pero lo bueno es ver cómo sucede. St. Vincent no está nada mal para pasar un buen rato, echarte unas risas y de paso emocionarte un poco. Vale sí, ya hemos visto a muchos viejos gruñones que, al hacerse amigos de un niño, descubren que tienen un corazoncito. Pero aunque sepamos lo que va a pasar, y cómo va a evolucionar el personaje de Bill Murray, St. Vincent os enganchará a la pantalla igualmente.

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