Sweet Home


Sweet home tiene como telón de fondo un problema muy actual: los desahucios y el mobbing inmobiliario al que se pueden ver sometidos los ancianos con alquileres de renta antigua. El conflicto estalla cuando una pareja joven se cruza en el camino de los matones encargados de deshacerse del último inquilino de un edificio casi en ruinas.

Promocionado la película con “de los productores de [REC] y Mientras duermes” no hacen falta ni cinco minutos para darse cuenta de que nos encontramos ante una historia, mil veces exprimida, de “edificio sin salida”. La pareja se verá atrapada en un decorado claustrofóbico, siendo el edificio en ruinas el verdadero protagonista de la función.

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Tiene un arranque interesante. Comienza jugueteando con los tópicos de las películas de terror hasta que se destapa como una mezcla entre “Solo en casa” y “La jungla de cristal”, donde las supuestas victimas demuestran tener más recursos de lo que en un principio aparentaban. El giro de los acontecimientos se ve respaldado a mitad de historia con la incorporación de un nuevo elemento en juego que consigue mantener el interés incluso cuando la cosa empieza a desinflarse.

La acción se nos presenta de forma “realista”, sucia y sobria, con personajes que responden de forma natural a la violencia física y con una representación gráfica que invita a apartar la vista de la pantalla en más de una ocasión. El problema viene cuando este realismo pasa a un segundo plano y lo reemplaza la casquería y el chiste a destiempo. No me refiero a que la evolución hacia el slasher sea algo negativo (todo lo contrario), el problema viene cuando el villano se convierte en una parodia mil veces vista, persiguiendo a su victima sin dignarse a correr, tomándose todo el tiempo del mundo para hacer cualquier cosa y comportándose como un auténtico cenutrio (cuando hasta ahora había actuado con eficiencia).

Lástima que decidan estirar el chicle hasta que las buenas sensaciones iniciales se convierten en aburrimiento y los acontecimientos se arrastren por un tramo final prescindible y un desenlace de vergüenza ajena.

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Uno de los puntos débiles de la película se conoce como “arma de Chéjov”. Se trata de un recurso básico de guión, o cualquier producto narrativo, con el que se pretende eliminar todo lo que no tenga relevancia en la historia, otorgándole a los elementos, que se nos van presentando, un papel que posteriormente se volverá crucial para el devenir de los acontecimientos. Es decir: un personaje no detendrá la historia para sacarse el carnet de conducir o para darse una vuelta por el centro comercial en busca de un juego de la pley si eso no favorece de alguna forma lo que se está contado. Por contra, los elementos que se presentan tienen siempre cierta importancia y se integran en el desarrollo de forma inapreciable y orgánica, cosa que en Sweet Home se vuelve descaradamente evidente. TODO lo que aparezca en pantalla (o en una conversación) tendrá importancia en algún momento, llegando un punto en el que casi recibes con una sonrisa cada nuevo elemento que se nos presenta, (ya sea un móvil, una profesión, unas llaves, un extintor, un montacargas, un spray de pintura, una plumilla…) sabiendo que tarde o temprano que esa mierda le salvará la vida a alguien (y le hará daño a otra persona). Como digo, esta saturación de anticipaciones está lejos de resultar natural y casi se acaba convirtiendo en la clásica escena de James Bond en la que Q presenta sus cachivaches y que sabes que 007 acabará utilizando más pronto que tarde.

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Pero el arsenal de Chéjov no es el único problema con el que nos toparemos. Las decisiones absurdas son la base del genero de terror/gore, ya que si esos estúpidos personajes actuaran con un mínimo de lógica sobrevivirían de forma demasiado sencilla (¿cuantas veces nos hemos desesperado al ver que el protagonista no remataba al villano de turno?). Este es un elemento que se ha vuelto hasta cierto punto tolerable (y de hecho Sweet Home se mantienen en la media de este tipo de producciones). El problema es cuando la estupidez humana se centra durante toda la película en el mismo elemento: EL MONTACARGAS. Todas y cada una de las acciones referentes al montacargas instalado en el hueco de la escalera apesta a despropósito.

Por otra parte Sweet Home pierde ante cualquier comparación con otras películas de terror claustrofóbico ambientadas en una casa. Me viene a la mente obras tan interesantes como “À l’intérieur” o la reciente “Musarañas”, que teniendo algunos elementos comunes saben aprovechar mucho mejor todo lo que aparece en pantalla.

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En definitiva, una película a la que acercarse con cuidado y con la que solo disfrutarás si ya lo hiciste con mediocridades como REC4.

¿Puntos a favor?

El maquillaje, la ambientación y algunos momentos de la primera media parte.

¿Puntos en contra?

La banda sonora es horrorosa, la cámara tiene cierta facilidad para volverse loca y que nada se entienda, todo lo relativo al montacargas, las anticipaciones demasiado evidentes y la bochornosa parte final.

4/10

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