‘La vida es sueño’, en el Teatro de Bellas Artes de Madrid


Desde el pasado 6 de junio, el Teatro del Temple representa La vida es sueño en el Teatro de Bellas Artes de Madrid. La compañía maña, que celebra su vigésimo quinto aniversario sobre las tablas, se enfrenta al conocidísimo texto de Calderón de la Barca y sale airosa. El montaje, dirigido por Carlos Martín, consta de una escenografía muy cuidada y original, que conserva y potencia los temas de la obra clásica.

© Teatro del temple

Verso y música

Durante las primeras escenas, el espectador participa de una experiencia sensorial en que el olfato y el oído son los protagonistas. A medida que Rosaura y su criado Clarín se acercan a la torre y prisión de Segismundo, un humo aromático invade el escenario oscuro y se extiende por el patio de butacas.

Como si de un sueño se tratase, un músico, a la vista del público, toca flautines, percusión y otros sonidos producidos por el roce entre metales. Los personajes mencionan Polonia, sitúan la acción. No obstante, el espectador ya está inmerso en otra dimensión, en un tiempo y espacio indeterminados y, hasta cierto punto, exóticos, quizá por influencia del peculiar vestuario.

Además del excelente y minucioso trabajo con el texto, el elemento musical aporta ligereza, ritmo y significado al verso y a la acción y facilita la creación de escenas polifónicas o corales, entre las que sobresale el monólogo más famoso de Segismundo. Los personajes cantan, danzan y recitan juntos, como si de un ritual se tratase, como si quisieran mostrar su lado más primitivo y oculto.

La luz vs la oscuridad

Durante su encuentro, Segismundo y Rosaura se enfocan a la cara con linternas, procurando ver más allá de las caras o la apariencia. Se confunden la oscuridad de la prisión y del alma de Segismundo. Los pensamientos y miedos que atormentan al príncipe cautivo, que él mismo llama “fobias arrogantes”, se manifiestan en la escena en forma de tres guardianes que le vigilan en la torre y siguen todos y cada uno de sus movimientos. Lo mismo ocurre con los tres criados que le escoltan y hablan tras su llegada a palacio.

Cabe destacar el trabajo de los actores, que son capaces de mostrar sutilmente la actitud y evolución de sus personajes y afianzar el carácter tragicómico de la obra con cada palabra, gesto, pausa y silencio. Resultan muy acertadas y cómicas las repeticiones y guiños al público en algunos de los momentos más dramáticos de la obra.

© Teatro del temple

Un decorado sugerente

En múltiples ocasiones, los objetos sobre el escenario hablan por sí solos. Las cortinas anudadas, que, en un principio, simbolizan la cárcel de Segismundo y la opresión de su padre, indican el paso al nudo y desenlace de la obra una vez son desanudadas, anticipando la resolución del conflicto. Segismundo llega al trono justamente cuando se produce la unión de las partes simétricas del decorado.

Por otro lado, el uso de plataformas permite a los personajes situarse en diferentes niveles sobre el suelo, enfatizando su estatus. Así, el rey Basilio, padre de Segismundo, hace su entrada en escena sobre una plataforma ante Clotaldo, su vasallo.

En ocasiones, dichas plataformas evocan espacios inestables según estén dispuestas en el escenario. En este sentido, destaca el encuentro entre Rosaura y Astolfo en palacio, en que las plataformas forman una línea recta. Ambos personajes discuten mientras se pasean sobre ellas, se acorralan y se empujan hacia los bordes para agarrarse la mano de nuevo escenificando la lucha de poder y de los sexos.

El teatro clásico vive

El teatro clásico brilla en la cartelera madrileña. La vida es sueño del Teatro del Temple es una obra accesible e imprescindible junto con La cueva de Salamanca, que se representa hasta el 17 de junio en el Teatro de la Comedia. Por cierto, no se pierdan Arlecchino servitore di due padroni, del 21 al 24 de junio en este teatro.

Con esta versión, el Teatro del Temple demuestra que los temas y reflexiones presentes en La vida es sueño son cuestiones y debates plenamente actuales e incide sobre la influencia de las supersticiones, de las circunstancias en que el hombre nace y crece y su capacidad para cambiar su destino y obrar libremente. Cada detalle en escena capta y mantiene la atención del público, que experimenta una montaña rusa de emociones entre el asombro y la risa y se despide del elenco aplaudiendo a rabiar. Una adaptación en su punto, que hace que redescubramos el clásico sin llegar a desvirtuarlo. Vayan a ver La vida es sueño y, sigamos el consejo de Segismundo: ¡Soñemos!… ¿O vivamos?

Información práctica

Dónde: Teatro de Bellas Artes (Calle del Marqués de Casa Riera, 2, Madrid)

Duración de la obra: 1 hora y 35 minutos

Precio de las entradas: a partir de 15 euros

Horarios: 6 de junio al 24 de junio

  • Miércoles, jueves y viernes: 20:30h
  • Sábado: 19:00h; 21:30h
  • Domingo: 20:00h

Información adicional y compra de entradas aquí

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