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¿Quiénes son las chicas del cable?

¿Es “Las chicas del cable” una serie feminista?

Su promo lo dejó claro: “Las chicas del cable” es una serie femenina made in Spain. E, independientemente del resultado, feminista.

“Las chicas del cable” hace un retrato de cuatro mujeres trabajadoras en el primer servicio de telefonía de España en los años 20 (Ángeles, Alba, Carlota y Marga) y los conflictos sociales y sentimentales que eso conlleva, porque, claro, que una mujer en los años 20 tomara sus propias decisiones ya suponía un conflicto de por sí. Ya sea porque: deje su pueblo, intente marcharse a Argentina, quiera dejar de ser mantenida por su familia o se proponga desarrollar una carrera profesional a la vez que su marido, son los puntos de partida de los personajes para comenzar la serie.

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Me he planteado si esta premisa es un punto claro del feminismo de la serie: el hecho de que las mujeres peleen por su trabajo y que eso les provoque problemas sentimentales, planteando que su marido o una figura paterna puede tomar esa decisión por ella y que, además, sea normal. ¿Acaso ellos tenían más capacidad de decisión?

Sabemos que sí, que la tenían, que no era tan raro entonces una mujer mantenida o no trabajadora y pendiente de su familia. No importa que sea una familia de la España profunda o Hollywood. De hecho, si de algo peca la serie es de un exceso de modernidad en ciertos momentos. Aunque agradecemos la fortaleza y resolución que pertenecen a algunos personajes, a veces se implican en situaciones que, aunque puedan ser interesantes, están algo fuera de lugar.

Netflix y los personajes femeninos

No tengo interés en hablar de si la serie es “más de lo mismo”, ni de Netflix o Mandarina, o de si Velvet era un buen producto… Yo he venido a hablar de las chicas del cable. Tenemos cuatro personajes protagonistas: todos femeninos.

De esto Netflix sabe mucho, con “Orange is the new black” la idea del empoderamiento ha ido a donde debería ir, que los personajes femeninos, aparte de contar historias de lo que sucede a las mujeres, no sólo se queden ahí, sino que hablen de lo que nos pasa a todos los seres humanos. Hay tramas sentimentales, de maltrato, racismo, violencia, discriminación. En “Las chicas del cable” los guionistas han intentado hacer estas radiografías y pasos dramáticos lo más complejos y verosímiles que el género “Velvet” y “Gran Hotel” permite, porque hacer lo de siempre no es tan fácil como parece, y los pasos dramáticos de los cuatro personajes, pueden tener algunas cosas de manual, otras no tan buenas, pero son creíbles. Algunos, ya os digo, han querido ir demasiado lejos, pero es ficción, ¿acaso no podemos soñar con unos años 20 más parecidos a los de las flappers americanas que a los de Clara Campoamor?

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Las protagonistas

Alba, la protagonista, es la villana con doble cara. Una persona interesada y calculadora pero, como es la protagonista, se nos cuenta su pasado (es el único que se cuenta: ¿casualidad?) para despertar nuestra simpatía. Alguien que pierde toda esperanza con apenas 15 años al escaparse del pueblo y que debe robar, venderse y mentir para sobrevivir durante 10 años de su vida, no tiene más objetivos que la supervivencia. Es inteligente, y eso nos gusta. Pero tiene que encontrarse con su antiguo gran amor, el hombre que puede desenmascararla, al entrar en la compañía telefónica, y eso no nos gusta. ¿Por qué un personaje así cae tan fácilmente entre dos hombres pagados de sí mismos y que no tienen ninguna inteligencia emocional? Que no es que ella tenga mucha tampoco con todo lo que le ha pasado pero, acostumbrada a mentir a los hombres, confiar en sus amigas, ¿de verdad sufre un dilema sentimental entre dos millonarios en vez de apoyarse en sus amigas?

Es mi trama menos favorita, aunque puede sea por el excesivo (y excesivamente dramatizado) uso de la voz en off y la dirección de los actores (también dramática en exceso, y esto a veces es lo de siempre, y esto sí me parece una lástima y algo que se podría cambiar). Me funciona el que ella sea una mujer desconfiada hacia otras supuestas amigas, al saber que las está engañando, y su evolución sea tan calculada. Es creíble.

El lema de “Las chicas por las chicas” no es la base de todos los personajes femeninos, y no tiene por qué serlo, es importante que aparezca en una serie que se ha catalogado como feminista.

Ángeles es la trabajadora modelo de la empresa telefónica: válida, trabajadora, resuelta y encantadora con todo el mundo. Por supuesto, un personaje femenino así, que también se matiza como tranquilo y formal, no ha podido elegir peor a su compañero de vida en los años 20. Pese a que era muy común en la época que el hombre trabajara y la mujer criara una familia que fuera aumentando poco a poco, incluso esa mujer y hombre podrían haberse casado sin gustarse mucho, lo de Ángeles ya es mala suerte. El personaje de Mario es un dechado de virtudes, no sólo quiere que su mujer trabaje cuando a él le venga bien, sino que deje de hacerlo cuando él le diga… Y aparte, claro, todos los maravillosos atributos del personaje masculino más negativo: machista, infiel, chulo, posesivo e, incluso, violento.

Ángeles no nos cuenta el cuento de hadas, y nos explica de un modo inexplicable y duro, ese sentimiento de pertenencia, dependencia y responsabilidad que tienen las madres y esposas que no abandonan a sus maridos cuando las maltratan. Sigo sin entenderlo a nivel personal, pero creo que el drama de Ángeles es bastante creíble y está bien relatado. Eso sí, me gustaría que en la segunda temporada le den agallas y pueda cambiar un poco su arco, que Maggie Civantos tiene mucho que aportar a este personaje y queremos verlo. Lo hemos visto un poco en el último y penúltimo capítulo pero… Más…

Carlota, la niña de papá que quiere ser una mujer independiente a todos los niveles. Katherine Hepburn y Virginia Woolf parecen los grandes referentes verbales para esta una chica guapa y muy femenina de unos 25 años que ha aprovechado su clase social no sólo para ser elegante, sino para ser leída y documentarse en el feminismo. Aunque, rompiendo el mito, que yo sepa, en los años 20, muchas mujeres eran analfabetas y, aquellas que no lo eran, no tenían demasiado acceso a literatura escrita por mujeres o acceso a las noticias del movimiento sufragista, que tuvo referencia aquí con Clara Campoamor a partir de 1927. Quizá es una trama algo idealizada, aunque me encantan sus encuentros clandestinos y las elecciones de personajes femeninos entre los extras en la redada.

¡ALERTA, EL SIGUIENTE PÁRRAFO TIENE SPOILERS!

De hecho, esta idealización del empoderamiento en aquella época no es lo que me choca en el personaje de Carlota (SUPER SPOILER A CONTINUACIÓN), sino la trama que se crea con Miguel y Sara, ambos compañeros de trabajo, y ella su jefa. Si “Tú, yo y ella” ya es polémica con su cuento de hadas sobre el poliamor, ¿de verdad este triángulo perfecto entre un ingeniero, una coordinadora y una telefonista de buena familia no queda un poco excesivamente moderno? ¿O es que en el 2017 ya alguien tiene tríos de amigos con los que se reúnen en el bar y discuten sus vacaciones? Y la referencia a “La chica danesa” ya me parece el colmo. Me encanta que Carlota sea una feminista empoderada y a día de hoy sería casi tan importante su trabajo como el de Allison Bechdel, pero que su rol pase de un estado de Facebook de “es complicado” a “relación a tres” es una apuesta muy fuerte… y no la compro.

Y finalmente, pero no por ello menos importante, Marga, una chica que viene del pueblo a trabajar a la gran ciudad. Sin mucha familia, sin conocer a nadie, se planta en una pensión que pertenece a una conocida de su abuela. Tenemos aquí un personaje muy auténtico en la España profunda de los años 20, alguien que debe salir de su pueblo, su familia, amigos, su mundo de confort, para llegar a otro grande y hostil. Ese personaje con el que todos los que hemos vivido fuera nos identificamos, hablando por teléfono o skype con nuestra abuela, y hablando de lo bien que va todo cuando te sientes tan solo que no puedes aguantar. Marga es una chica de buenas maneras y algo atontada de cara a la gran ciudad que no sabe si encajará en absoluto.

Para mí, Marga es el personaje más creíble. Una evolución dramática completa, y hablando de empoderamiento, es la única que tiene claro lo que quiere y lo que no y que es coherente con su paso dramático en todo momento, pasa de agradar a hacer lo que quiere sin dar explicaciones. No es perfecta, pero ser un personaje que se respete a sí misma, no implica ser perfecto. Quizá por las propias historias de mi abuela y mis tías, o por lo mucho que me gustó “Brooklyn”, este es el personaje que veo con mejor ambientación histórica y más creíble en el Madrid de los 20, porque llegar de un pueblo a una ciudad grande a trabajar, da miedo, si ya en 2017, imaginad entonces.

Me dejo fuera el personaje de Sara, muy a mí pesar, porque es un personaje que me interesa mucho y creo que va a ir ganando protagonismo a lo largo de la serie, y no solo como complemento a la historia de Carlota…

Tenemos todas estas radiografías de personajes femeninos y, sin miedo a hacer spoilers, todas han acabado la serie con la pelota en su campo, pase lo que pase, depende de ellas. No va a ser un cuento de hadas, incluso puede que deje de ser tan idealista y más costumbrista… Nos gusten o no las decisiones de Ángeles, Alba, Carlota y Marga, lo que hagan ellas y sólo ellas, es lo que irá moviendo la serie, los personajes, y próximas temporadas.

¿Es eso empoderamiento? Dejo abierta esta pregunta para más adelante.

Irene Hernanz

Escrito por Irene Hernanz

Guionista, directora y lindy hopper, según el día. Escribo hasta que las cosas cobran un sentido... O no.

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