Mad Max 2015: Furia en la carretera


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Cuando aparecieron las primeras noticias sobre “la nueva de Mad Max” no fueron pocos los que se echaron las manos a la cabeza. “¿Otra secuela/remake/reboot de una saga mítica?… ¿Que será lo siguiente? ¿Regreso al futuro?”. La elección de Tom Hardy para el papel de Max Rockatansky tranquilizó a algunos, pero realmente no fue hasta el lanzamiento del primer trailer cuando el hype saltó por los aires. Esa primera toma de contacto te obligaba a marcar a fuego la fecha del estreno (con un hierro en forma de volante-calavera llameante). Sin duda la película auguraba un festival. El tiempo pasó, los trailers (pequeñas obras de arte, a cada cual mejor) prometían el espectáculo de la década, pero algo preocupaba a los que (como yo) nos habíamos puesto los trailers en bucle: “¿Y si después de todo, no es para tanto? ¿Y si es un bluf?”. Estaba abierto a cualquier cambio o vuelta de turca que George Miller quisiese darle a su nueva película, pero siempre existe ese temor tan actual a haber visto ya todo lo bueno en los trailers. Que ingenuo fui.

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La tierra es un basto desierto, contaminado y enfermo, y los hombres no son más que marionetas en manos del tirano Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), líder de una secta de pseudo vikingos del desierto (llamados “mediavida”) con veneración por el motor, la gasolina, la sangre y una muerte gloriosa que les conduzca al Valhalla. Miller muestra esta horrible tribu como una versión aun más grotesca de los Harkonnen de David Linch, con toques de lo que pasaría si Slipknot montase un espectáculo clandestino del Cirque du Soleil inspirado por el festival de Burning Man. Tal cual. Y toda esta locura narrada con el pulso de hierro de George Miller, con sus barridos imposibles y las panorámicas infinitas, los insertos casi subliminales y las multiples escenas de acción donde la cámara siempre está donde debe estar.

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Max se cruza en el camino de estos salvajes sin escrúpulos, viéndose envuelto en una persecución demencial en la que Immortan Joe saca todos sus efectivos del avispero para salir en busca de una de sus subordinandas, Imperator Furiosa (Charlize Theron), y su codiciada carga. La trama es sencilla y sus metáforas son muy evidentes (y a la vez poderosas), y la historia avanza rápidamente con una maestría que no deja de maravillar con cada acelerón y cada nuevo vehículo imposible que aparece en pantalla. Imposible de olvidar genialidades como el guitarrista-lanzallamas, la tormenta apocalíptica, las coreografías con pértigas y lanzas y la mera existencia de los “mediavida” (con un comportamiento un tanto confuso en un principio, pero tan carismatico que al salir del cine uno no puede evitar repetir una y otra vez aquello de “sed testigos” antes de cruzar un semáforo en rojo o comerse unos yogures caducados). Brutal la nueva mitología que hace crecer la saga, y que se insinúa casi sin diálogos (aunque los que hay son simplemente épicos) y que no deja de acumular “molonidad” hasta descargar toda su fuerza en el gran climax final.

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Y resulta curioso como una carísima película de Hollywood tan salvaje y violenta tiene como pilar de la narración algo tan crítico como el múltiple papel de la mujer en la sociedad (Que sin duda ha sabído meter el dedo en la llaga de algunos energúmenos machistas).

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Tom Hardy es un Max muy correcto que sigue la senda del Mel Gibson solitario y vagabundo que camina imparable hacía el atardecer, pero lo admirable es como el supuesto protagonista de la historia da un paso atrás, contenido, para dejar espacio a los dos nuevos personajes que literalmente se comen la pantalla: Imperator Furiosa y Nux, el joven mediavida (un espectacular Nicholas Hoult con el que es imposible no empatizar). Charlize Theron está para darle de comer a parte y borda un papel que en su piel parece incluso fácil. Nicholas Hoult no se queda atrás, y consigue fácilmente sumergirnos en la mente de un peón cualquiera de esa secta enferma y autodestructiva.
Mad Max: Fury Road se convierte desde ya en una de las mejores películas del año y creo que en la mejor película de acción de la década. Además consigue otra cosa sin proponerselo, y es que a partir de ahora nadie en este planeta podrá ver “Doomsday: El día del juicio” (2008) sin sentir vergüenza ajena… aunque… un momento, ¡eso ya pasaba antes!

10/10

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