‘Misión Imposible: Fallout’, un auténtico cóctel de adrenalina


La sexta película de la franquicia Mission: Impossible es un auténtico despiporre, un cóctel de adrenalina pura y juegos de máscaras. Es que a estas alturas, ¿alguien lo dudaba?

La saga que ha encumbrado a Tom Cruise como el rey del cine de acción no ha hecho otra cosa que mejorar en los últimos años. Para un servidor, el acierto más grande de estas películas es el limitado uso del CGI en favor de un cine más puro y artesano: casi todo lo que ves es real, por imposible que parezca (siento el juego fácil).

Tom Cruise realiza él mismo prácticamente todas sus escenas (de ahí su famoso accidente de tobillo al saltar entre dos edificios), con una implicación quizás solo eclipsada por el mil veces resquebrajado Jackie Chan. Tom Cruise no sólo actúa, él mismo es un hombre de acción que busca la autenticidad en cada una de las tomas, y esa pureza adrenalítica puede respirarse en la sala de cine incluso por encima del malogrado tufo de las palomitas.

¿De qué trata?

Christopher McQuarrie, el primer director que repite, es también el primero que toma una decisión sin precedentes en la saga: proseguir con la trama de la anterior película. Previamente, solo la relación romántica entre Ethan y Julia, interpretada por Michelle Monaghan, era la única trama que había sobrevivido a más de una película, funcionando como sutil hilo conductor emocional que teñía el oscurezido carácter del protagonista, arrastrado a un estilo de vida donde debe sacrificar su felicidad en pos de la seguridad de los demás.

En esta ocasión, sin embargo, no se trata de una subtrama tangencial, sino del troncho gordo. En lugar de buscarse a un nuevo lunático megalómano que amenaza la frágil estabilidad el mundo siguiendo vete a saber tú qué obsesión, McQuarrie decide quedarse con el malo conocido. Hace tres años abandonamos M:I – Rogue Nation habiendo vencido a la organización terrorista El Sindicato y atrapado a su psicopático líder, el genio y exagente de la MI6 Solomon Lane (interpretado por un carismático Sean Harris, al que ya vimos enrolándose como Macduff en la hipnótica Macbeth).

Parece que las aguas vuelven a su cauce para la agencia IMF, que lleva ya repetidos y duros golpes y una reputación cuestionada una y otra vez por sus homólogas (a saber, CIA y MI6, para variar). Pero toda victoria pasada es susceptible de evaporarse con presentes fracasos, y El Sindicato, encabezados por los llamados “Los Apóstoles”, siguen con la idea de restablecer la paz mundial con la paradójica decisión de destruirla primero, bajo el sugerente lema “the greater the suffering, the greater the peace”.


Así que Ethan Hunt vuelve con sus ya inseparables sidekicks, Benji y Luther (Simon Pegg y Ving Rhames), para desentramar el nuevo lío. Esta vez, sin embargo, fallan en una misión y pierden algo primordial que tendrán que recuperar antes de que Los Apóstoles se haga con ello (ale, ya tenemos el famoso McGuffin).

También recuperamos los personajes de Alec Baldwin como Alan Hunley, antiguo contrincante rebautizado como director del FMI; y el de Rebecca Fergusson, la sibilina agente doble Ilsa Faust, con su complicada (¿y sexualizada?) relación con Ethan Hunt.

Por otro lado, tendremos dos nuevos personajes: la nueva directora de la CIA Erica Sloan (Angela Bassett) y el implacable agente August Walker (Henry Cavill con mostacho), que forma un curioso y contrastado tándem con Ethan, de métodos más refinados.

¡Ah, y atentos a la aparición de un nuevo nombre sin cara! De nuevo, el juego de máscaras jugará con nuestras mentes.

Así que con Mission: Impossible – Fallout vuelven todos los ingredientes conocidos, y mejor cocinados. Aumentan, si es posible, la espectacularidad de las escenas de acción (creo, sin temor a equivocarme, que a nivel técnico es una de las mejores películas de acción que he visto en mi vida), sin olvidarse de seguir profundizando en la mitología del gran Ethan Hunt, el maltratado héroe (rozando el rol de anti-héroe) que es incapaz de no hacer lo correcto, aunque ello signifique arruinar el mundo por salvar una sola vida.

Nota: 8/10

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